El desempleo, como nos muestran de una manera constante las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), es la mayor preocupación de los españoles. Una preocupación que, lógicamente, va ligada a la economía.

Cuando nos falta el trabajo, se produce una inestabilidad económica que, en muchas ocasiones, puede derivar en diferentes problemas de naturaleza emocional. Vamos a analizar por qué surgen, pero, sobre todo, cómo puedes hacerles frente.

Cómo desestabiliza perder un trabajo

No vamos a remitirnos ahora a frases moralizadoras como la de que “el trabajo dignifica”, que suena demasiado solemne, pero está claro que desempeñar uno en el que te puedas sentir satisfecho va a contribuir a tu realización personal.

Sin querer ser tan profundos, también podemos señalar una de las claves de no perder el empleo: vas a tener una fuente de ingresos regulares, lo que te va a permitir disfrutar de una calidad de vida en condiciones. Y no se trata de ser materialistas, sino de reconocer la necesidad de disponer de estos fondos para llevar una vida familiar holgada.

Vamos a definir algunos comportamientos a corregir. En primer lugar, se puede producir una asunción del rol de víctima. Si no somos conscientes de lo que nos pasa y  no aceptamos la realidad, no podremos hacernos cargo de nuestra vida para cambiarla. La ansiedad suele ser un síntoma asociado a la pérdida del empleo o a no encontrar tu primer empleo. Como no encontramos un nuevo trabajo, a pesar de haber intentado conseguir uno por todo tipo de medios, se cae en un nerviosismo producto de la incomprensión que genera la situación que estamos atravesando.

Todos estos sentimientos negativos hacen mella en la vida cotidiana y familiar. Generan tensiones en nuestro día a día, incrementan los malentendidos y complican las relaciones humanas. Esta ansiedad, que puede implicar la caída en determinadas conductas de riesgo, puede convertirse, cuando pasamos más tiempo sin lograr el trabajo deseado, en resignación. Una resignación que puede hacer tender a la indolencia y actitudes pasivas. La depresión es la última fase de esta sucesión de sentimientos perjudiciales. Se pierden, en general, las ganas.

Los psicólogos te pueden ayudar a superar este trance

Antes de llegar a una situación extrema, como padecer una depresión, vale la pena que te pongas en contacto con algún gabinete psicológico que estudie tu caso. Los psicólogos, además de poder sugerirte otras vías para conseguir un empleo, te van a ayudar a poner tu caso en contexto. De este modo, aunque no te haya de servir de consuelo absoluto, podrás comprobar que hay más personas que están pasando por situaciones muy similares a la tuya.

En estos casos, las terapias de grupo, siempre posteriores al diagnóstico del caso por parte del psicólogo, contribuirán a elevar la autoestima y el arrojo de la persona que va a seguir buscando un trabajo. Exprésate y déjate ayudar.

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