Primavera, tiempo de luces y sombras, naturaleza en eclosión y, a veces, tormenta interior… Comenzamos la primavera con unas reflexiones de Beatriz, médico y psicoterapeuta en el Gabinete THuS en Madrid sobre cómo afrontar los cambios en esta estación

Llega la primavera, y con ella van regresando la luz y la vida, los días se alargan, los animales que invernaban salen de sus madrigueras, las plantas rebrotan… Pero también algunas afecciones e inestabilidades de salud hacen su aparición: desde las alergias polínicas a ciertos trastornos de la salud mental.

La afección más leve, que no podemos considerar enfermedad, es la astenia primaveral. Se caracterizada principalmente por una cierta sensación de fatiga y disminución de  la energía vital. Es un trastorno pasajero, relacionado con la adaptación de nuestro organismo al cambio de las circunstancias climatológicas; no reviste mayor importancia y pasa por sí solo, sin precisar de ningún tipo de tratamiento.

Pero la primavera es también un tiempo en el que puede aumentar la incidencia de ciertas enfermedades psíquicas, como la depresión (que en algunas personas puede cursar en ciclos de otoño y/o primavera) y los trastornos de ansiedad.

También el trastorno bipolar, especialmente en lo que a la fase maníaca se refiere, suele presentar mayor frecuencia de brotes en esta época. En estas enfermedades, lo más importante es acudir lo antes posible al médico para que prescriba el tratamiento necesario y poder así atajar el episodio lo antes posible.

Por motivos de otro orden, más vinculados al impacto de la presión social, parece que también los índices de trastornos de la alimentación, anorexia nerviosa y bulimia, suelen incrementarse en primavera y verano. El vestuario, más ligero que el invernal, contribuye a que podamos sentir nuestro cuerpo más expuesto a la mirada de los otros.

La avalancha de estímulos publicitarios, de mensajes y expectativas sociales sobre “cuerpos perfectos”, y el humus de una autoestima baja y un yo inseguro constituyen el caldo de cultivo propicio para el desarrollo de este tipo de trastornos.

Además de la intervención médica y psicoterapéutica que requieren, su abordaje nos llevaría a una reflexión más profunda sobre nuestra cultura, nuestros valores como sociedad, así como sobre el modo de educar a nuestros niños y  jóvenes: qué prioridades les transmitimos, qué expectativas proyectamos sobre ellos y en qué medida les permitimos enfrentarse a la frustración y el fracaso o, por el contrario, tratamos de evitárselos con nuestra sobreprotección.

“Profundamente convencida del potencial de vida y la capacidad de cambio de las personas y de los grupos.”
Beatriz Arescurrinaga Idoiaga, Médico y psicoterapeuta. Gabinete THuS, Madrid