Las sobrecogedoras noticias sobre lo acaecido en la frontera de México y Estados Unidos ha creado multitud de reacciones entre toda la población. Independientemente de la orientación e ideología política de cada persona, la opinión unánime es que no es buena la separación de los niños y sus padres.

Desde el Gabinete THuS, vamos a exponer nuestro punto de vista acerca de las repercusiones en los niños. Las cuáles son bastante preocupantes.

Separación de niños y sus padres

En primer lugar, esta separación puede crear en un primer momento ansiedad por separación. Por norma general, esto se manifiesta a partir de los seis u ocho meses de edad pudiendo prolongarse hasta los dos o tres años.

En un primer momento podrás pensar que esto no se ajustará a todos los hijos de refugiados o inmigrantes que sean separados de sus padres. No obstante, hay que pensar en la situación en la que se ha dado esta separación.

Para empezar, los niños no son informados absolutamente de nada. Por tanto, puede manifestarse esta ansiedad ya que no saben si sus padres van a volver, no saben qué les va a pasar nadie les informa de nada.

Traumas y miedos

Esta misma ansiedad puede generarle multitud de traumas y miedos. La primera y más común manifestación de estos sucesos tan horribles para un pequeño de 3 o 4 años es el miedo a que a sus padres les pase algo malo.

A fin de cuentas, estos niños dependen en gran medida de sus padres y ahora les han separado de ellos para rodearlos de desconocidos. Ellos no saben qué les ha pasado a sus padres lo que puede desembocar en miedo al abandono. Algo que, a largo plazo, puede acarrear problemas en el desarrollo de conductas afectivas y de la autoestima.

Por otro lado, también puede generar a medio y largo plazo problemas para socializarse debido al desarrollo de una personalidad solitaria. Algo que combinado con una autoestima no sólida puede desembocar en depresión.

Otro factor a valorar es que esos niños ya han vivido el trauma de dejar sus hogares ante situaciones no favorables. Bien sea por una guerra o por problemas económicos, son infantes que han tenido que abandonar sus hogares.

Si a esto le sumas el ser separados bruscamente de sus padres, los problemas de autoestima, conducta y personalidad se multiplican. En primer lugar por la ausencia del calor y apoyo de su familia, algo fundamental para el correcto desarrollo afectivo y emocional de los más pequeños.

Y, por otro lado, porque se sentirán indefensos hasta que sean reubicados en nuevos hogares o vuelvan con sus padres. Por tanto, esta brusca separación no hará más que empeorar la situación de estos pequeños.

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